Hoy la vida cambió de un día para otro.


Aún estoy tratando de entender cómo es posible que alguien que siempre estuvo… ya no esté. Esa primera impresión, ese golpe silencioso en el pecho, es algo que no se puede describir con palabras. Es una mezcla de incredulidad, tristeza y vacío. Uno mira alrededor esperando encontrar a esa persona, esperando escuchar su voz, su risa, sus consejos… y la realidad responde con un silencio que duele.


Perder a un ser querido es enfrentarse a una ausencia que pesa, a un mundo que sigue girando aunque por dentro todo se detuvo. Y es ahí donde empieza el duelo: en aceptar que la vida cambió, en permitirnos sentir la pena, llorar si lo necesitamos y reconocer que nada volverá a ser igual.


Pero también es descubrir que el amor que nos dejaron no se va. Que lo que compartimos, lo que aprendimos y lo que fuimos juntos se convierte en fuerza para seguir adelante. Afrontar el duelo no significa olvidar, sino aprender a caminar con la ausencia sin que nos consuma. Significa hablar, buscar apoyo, permitirnos días buenos y días malos, y recordarnos que no es debilidad pedir ayuda.

No quiero caer en la depresión ni perderme en la tristeza. Quiero honrar su vida viviendo la mía con el mismo cariño que esa persona me dio. Sé que el camino será largo, pero también sé que cada paso que dé será un homenaje al amor que compartimos.


Hoy duele. Mañana tal vez también.


Pero seguiré adelante, porque su recuerdo merece que yo continúe viviendo, creciendo y encontrando luz incluso en medio de este dolor.


Chary.

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